
ALWAYS
続・三丁目の夕日
ZOKU SAN CHOUME NO YUUHI
続・三丁目の夕日
ZOKU SAN CHOUME NO YUUHI
ZOKU significa continuar en japonés y lo que vemos en este film es el deseo del director YAMAZAKI por continuar con una actitud frente a la vida. ¿Es posible que un director que se ha especializado en efectos especiales pueda contar una historia de la vida cotidiana con toda su cadencia y su aparente monotonía?
El Japón de hoy no es el del ayer, pero sin embargo, en los directores japoneses hay una insistencia en «vivir» el presente sin «olvidar» el pasado. La era Showa 34 (1958) es una época de cambios económicos y sociales en la sociedad japonesa. De asensos y descensos en la escala social. De intentos por cambiar y por mantener valores que se consideran necesarios para sentir que se pertenece a un grupo. La Calle 3 o el «Barrio» quiere representar en «micro» algunos de los cambios que atravesó la población japonesa en el período de la reconstrucción luego de la Segunda Guerra Mundial (IIGM).
Amores prohibidos desde los que surgen en la niñez hasta la vida adulta, la ambición por el dinero y la fortuna como el padre que quiere recuperar a su hijo después de haberlo abandonado en la calle. O como el provinciano que vino con sueños de ser el mejor cocinero pero termina siendo un pandillero, un estafador de mala muerte. Lo moderno y la costumbre se presentan antagónicos por momentos, a veces hasta irreconciliables.
Lo que asombra en el Japón es la forma cómo han interpretado la modernidad sin perder el gusto por una taza de té verde (茶=cha) y la plática pausada. La solidaridad del barrio no cabe duda que se fundamenta en la precariedad, soledad y sufrimiento que la gente adulta de la Calle 3 pero niña o adolescente aún durante la IIGM tuvo que soportar. Todos están en busca de obtener mejores condiciones de vida, es la oportunidad del «gran salto» porque el país está «hirviendo» algunos lo harán despiadadamente, otros intentarán mantener los lazos humanos apostando por lo colectivo, sin dejar atrás a quien parece no valer nada, a los marginales, como el escritor Chagawa Ryunosuke (茶川) o la estriptisera Asaoka Betty (ベティ).
El Barrio de la Calle 3, intenta romper con los prejuicios, tanto dentro de la historia del film como también en la textura de las imágenes que proyecta el director. La realidad y la fantasía se entrecruzan, intentando inventar sueños en la realidad de la vida diaria, o que la vida en su cotidianeidad sea percibida como una posibilidad llena de sueños. El esfuerzo de la producción en la reproducción visual de la ciudad de Tokyo de esos años, la imagen de Godzilla destruyendo todo a su paso y la Torre de Tokyo (東京タワー) como fondo permanente, marcan de alguna manera en imágenes todo aquello que fue importante y cómo se fue transformando con el tiempo.
En este Japón de muchos «rostros» el personaje del propietario del taller Suzuki Norifumi (鈴木則文) aparece como el más entrañable. Con su irritabilidad e ímpetu, pero al mismo tiempo lleno de sentimientos encontrados, confuso e inseguro pero sin dejar de apostar por los demás en la búsqueda de seguir creyendo que la vida debe continuar.
El Japón de hoy no es el del ayer, pero sin embargo, en los directores japoneses hay una insistencia en «vivir» el presente sin «olvidar» el pasado. La era Showa 34 (1958) es una época de cambios económicos y sociales en la sociedad japonesa. De asensos y descensos en la escala social. De intentos por cambiar y por mantener valores que se consideran necesarios para sentir que se pertenece a un grupo. La Calle 3 o el «Barrio» quiere representar en «micro» algunos de los cambios que atravesó la población japonesa en el período de la reconstrucción luego de la Segunda Guerra Mundial (IIGM).
Amores prohibidos desde los que surgen en la niñez hasta la vida adulta, la ambición por el dinero y la fortuna como el padre que quiere recuperar a su hijo después de haberlo abandonado en la calle. O como el provinciano que vino con sueños de ser el mejor cocinero pero termina siendo un pandillero, un estafador de mala muerte. Lo moderno y la costumbre se presentan antagónicos por momentos, a veces hasta irreconciliables.
Lo que asombra en el Japón es la forma cómo han interpretado la modernidad sin perder el gusto por una taza de té verde (茶=cha) y la plática pausada. La solidaridad del barrio no cabe duda que se fundamenta en la precariedad, soledad y sufrimiento que la gente adulta de la Calle 3 pero niña o adolescente aún durante la IIGM tuvo que soportar. Todos están en busca de obtener mejores condiciones de vida, es la oportunidad del «gran salto» porque el país está «hirviendo» algunos lo harán despiadadamente, otros intentarán mantener los lazos humanos apostando por lo colectivo, sin dejar atrás a quien parece no valer nada, a los marginales, como el escritor Chagawa Ryunosuke (茶川) o la estriptisera Asaoka Betty (ベティ).
El Barrio de la Calle 3, intenta romper con los prejuicios, tanto dentro de la historia del film como también en la textura de las imágenes que proyecta el director. La realidad y la fantasía se entrecruzan, intentando inventar sueños en la realidad de la vida diaria, o que la vida en su cotidianeidad sea percibida como una posibilidad llena de sueños. El esfuerzo de la producción en la reproducción visual de la ciudad de Tokyo de esos años, la imagen de Godzilla destruyendo todo a su paso y la Torre de Tokyo (東京タワー) como fondo permanente, marcan de alguna manera en imágenes todo aquello que fue importante y cómo se fue transformando con el tiempo.
En este Japón de muchos «rostros» el personaje del propietario del taller Suzuki Norifumi (鈴木則文) aparece como el más entrañable. Con su irritabilidad e ímpetu, pero al mismo tiempo lleno de sentimientos encontrados, confuso e inseguro pero sin dejar de apostar por los demás en la búsqueda de seguir creyendo que la vida debe continuar.
Carlos Young
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